Hombres y Mujeres SurCaribe
Es de suma importancia para comprender la historia actual de nuestro país, conocer la forma cómo se organizó y construyó el concepto de nación, básicamente en el siglo XIX.
Un texto que contextualiza sobre el particular es el trabajo de Hernando Valencia Villa, documento de doctorado de la universidad de Yale. El libro titulado CARTAS DE BATALLA, permite entender que la vida política administrativa del país ha estado en permanente vaivenes de las elites políticas, desde el momento mismo de la gesta independentista, la construcción de las cartas constitucionales han sido producto de las ideologías de quienes han estado dirigiendo los grupo o facciones políticas. Lo cual ha triado como consecuencia, que a más de dos décadas del siglo xxi, aun no hayamos encontrado el camino para organizarnos política y administrativamente en busca de una sociedad justa y equitativa.
Gran parte de la vida del siglo xix se vivió bajo los lineamientos federativos en lo administrativo y político, desde la primera carta constitucional (1821), hasta la carta constitucional de 1886 las cartas constitucionales trataron de formar un país donde las regiones fueran protagonistas de su desarrollo bajo principios de autonomía administrativa. Sin embargo, el siglo decimonónico estuvo marcado por permanentes guerras como resultados de confrontaciones entre federalistas y centralistas. Luego se hicieron llamar ideologías liberales y conservadoras, Que no eran otra cosa que el dominio por el poder. Las nuevas elites que surgieron en el país, en un primer momento latifundistas en franca alianza con el poder religioso, y en segundo momento con el nacimiento de los incipientes industriales, direccionaron poderes regionales que, a partir de la constitución de 1886, daría lugar a la guerra más abominable de fin del siglo xix e inicio del xx, conocida como la GUERRA DE LOS MIL DIAS, el titulo dado por Valencia Villa a su texto tiene el más lógico nombre. Todo estudiante de derecho de nuestra facultad ciencias políticas debería de conocer este importante documento.
La anhelada paz que aspiramos los colombianos ha sido mancillada por la forma como nuestras elites y clases dirigentes han querido manejar política y administrativa los territorios.
Sin lugar a dudas el desconocimiento de las regiones en lo cultural, económico, político, social, ambiental ha generado como consecuencia una eterna guerra con resultados nefastos para el desarrollo de la nación.
La constitución del 91, como un acto de concertación de la sociedad colombiana, decretó un mandato constitucional de la participación ciudadana y descentralización administrativa. Sin embargo, las regiones aún esperan que el mandato constitucional sea una realidad. A más de treinta años la violencia social campea por nuestros campos y ciudades. Los cien años de soledad y guerra macondianos es un permanente pan de cada día.
Citemos un caso específico. La constitución del 91 en varios artículos reza sobre la autonomía regional a través de sus entes territoriales, municipios y departamentos. Igual dispone que través de leyes se impulse un nuevo ordenamiento territorial. Sin embargo, esta se ha quedado en letra muerta, La Ley de Ordenamiento Territorial no ha dado nuevos entes departamentales por le negligencia de los clanes políticos departamentales de perder sus poderes políticos en sus entes de territorios. El crecimiento demográfico y los desarrollos regionales piden a gritos un reordenamiento territorial. La capital del país no puede seguir amarrando el desarrollo del país. Igual que las capitales de los departamentos y municipios no pueden seguir apropiándose de los presupuestos y negando el desarrollo rural.
Una nueva visión territorial del país que, de lugar a las regiones de transitar por senderos de la educación, la salud, vivienda, servicios públicos básicos, infraestructura vial, es decir incluyendo las comunidades a la conectividad, energía y el conocimiento. Mientras sigamos viviendo bajo un centralismo paquidérmico e inoperante, las mafias corruptas tendrán como plato favorito el saqueo de los recursos públicos.
Para no seguir condenados a los cien años de soledad, ignominia, pobreza y abandono las regiones deben seguir su movilización hacia una búsqueda de inclusión en las políticas estatales, construyendo su desarrollo a través de la autonomía territorial.
No es una quimera que territorios con riquezas naturales, con poblaciones jóvenes, con prosperas posibilidades de economía, no puedan agruparse en nuevos entes territoriales regionales para mitigar la violencia y el atraso que las azotas. Las economías mundiales prosperas de muchos países han logrado superar sus estancamientos sociales por medio de nuevas y transformadoras organizaciones políticas administrativas donde el eje de desarrollo sean los seres humanos en concordancia y respecto por la naturaleza y el medio ambiente.
Podemos afirmar que nuestra organización política y administración aún está en formación
